de la miel de tus labios,
del blanco de tus ojos
y del arte de tus caderas.
El suspiro de tu boca
y el brillar de tu mirada,
el palpitar de tu corazón
que compone bella canción.
Que tu piel y mi piel se fundan,
ese es todo mi anhelo,
y que nuestras almas sean una
y que nos quedemos siempre
en este cielo de gloria.
Este amor que no muera nunca
que si no voy a morir yo de amor,
porque si un día sin tí es malo,
entera la eternidad
sería una horrible tortura
hasta para la peor crueldad.
Víctor Hernández Hernández.